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Pachanga = fiesta!

Pachanga es una investigación de diseño basada en el maravilloso mundo oculto de las Polillas.

Busca ser un proyecto que explora este recurso natural como base para analizar de forma bidimensional las posibilidades compositivas, geométricas, y cromáticas de este macro mundo y pretende hacer una analogía de la vida urbana de estos seres invisibles que salen por la noche de “Pachanga”, a lucir sus más exóticos trajes, como damas de la oscuridad.



«Del mismo modo que la luz atrae a la polilla, la verdad seduce al alma humana; así este insecto es un símbolo de la búsqueda de la verdad.

Debido a su estructura delicada y su corta vida, también representa la fragilidad y la inestabilidad, ya que con frecuencia muere en su persecución de la luz».



Tomado del libro ilustrado Signos y Símbolos, Leopoldo Blume editores.

La noche y la luz:

 

Las polillas son  seres  nocturnos que habitan en los bosques nublados, bosques subtropicales y bosques tropicales. La mayoría de polillas documentadas en este documento provienen de los bosques de la Ruta Verde, del nor-occidente de Quito, capital de Ecuador, zona reconocida mundialmente por ser una de las más abundantes en biodiversidad por lo cual es importante su conservación.  Estos insectos alados, fascinantes y misteriosos, que salen únicamente en la ausencia de la luna, son invitadas por los destellos de luz blanca de los focos de las casas, hosterías, gasolineras, de las zonas pobladas. Es ahí donde el ojo humano las puede apreciar revoloteando junto a los faros o posadas sobre metal, piedra, cemento, tierra o madera y esto hace muy interesante el contraste entre su belleza natural y la urbanidad. A pesar de que pasan desapercibidas para muchos, y otros les temen por ser sinónimo de plaga, lo que llamó mi atención fue la infinita variedad de diseños, desde minimalistas hasta complejos bordados de forma y color, lo cual convierte a este documento en una fuente de inspiración para el diseño aplicado.


Las damas de la noche:

 

Por Matías Cortese

Una polilla irrumpe con su errático y despreocupado aleteo en una conversación y casi siempre hay alguien que se saca el zapato para despanzurrarla o para sugerir a los más valientes, con un tono de urgencia, la orden perentoria:

«Mátala».



 

Es verdad que las polillas son casi todas nocturnas y, en consecuencia, no las asociamos con flores y prados como a las mariposas. Son peludas, gruesas y pardas. También es cierto que muchas son consideradas plagas, devoradoras de cultivos y fibras textiles. Estos son los hechos aceptados que contribuyen a construir el sentimiento de desprecio y temor que fácilmente las transforma en manchas aplastadas en la pared o envoltorios de servilletas meticulosamente sellados. Las personas que las aman, como Belén Mena, son bichos raros.



Al mismo tiempo, también es cierto que las polillas del género Bómbix son productoras de unos 130 millones de kilogramos de fibras de seda cada año, y como tales son el eje de la tradición de elaboración de este fascinante producto. Pero estas no son noticia, apenas recordatorios. La noticia para muchos puede ser la tesis que sostiene la autora de esta publicación: las polillas no son solo incomprendidas, sino también descaradamente bellas, exóticamente sofisticadas, deslumbrantes y elegantes. Las polillas, con su vocación exhibicionista de estrellarse contra los bombillos encendidos, son damas de la noche que se saben hermosas y permanecen desafiantes ante el mito de su fealdad.



 

La mayor parte de la información que procesamos y almacenamos en el cerebro es de origen visual; lo cual hace suponer que hemos tenido tiempo y ojos suficientes para fijar la vista en todas las direcciones posibles. Sería justo pensar que, por satisfacer la sed de información visual que hace a la televisión tan popular, hemos devorado todo lo que el mundo tiene para ofrecernos en materia de imágenes. En realidad hemos repartido nuestro interés de forma desigual. Al parecer hemos privilegiado el estudio y registro de los objetos que llamamos bellos a primera vista o que, por los usos de nuestro contexto histórico cultural, guardan un potencial simbólico o un contenido práctico evidente.



Por ejemplo, se puede buscar en Internet la palabra ballena y en 0,13 segundos aparecen más de once millones de imágenes, muchas de las cuales no son fotos, sino ilustraciones, símbolos o dibujos. Millones de actos conscientes de observación y un número igual de oportunidades de aprender algo nuevo o de formular un comentario o una observación.



 

¿Por qué entonces cuando se pone la palabra polilla el número baja radicalmente a 810? Más allá de que no hay muchos antecedentes de héroes mitológicos, bíblicos o infantiles que hayan sido atrapados en la panza de una polilla, ¿qué tienen las ballenas que no tengan las polillas?



Se diría que, para el común de las personas, las polillas no tienen carisma. De hecho, si no fuera por los estudiosos y los amantes de las rarezas del mundo natural, los murciélagos seguirían siendo considerados criaturas diabólicas, los tiburones asesinos despiadados y las arañas monstruos silenciosos de la oscuridad, con el problema adicional de que las polillas no personifican tampoco el rol de villanos desatacados como los antes mencionados.



 

Afortunadamente, queda mucho por explorar. Podríamos ir más lejos para afirmar que cada vez que investigamos algo, el sujeto de nuestra investigación cambia, el observador lo afecta, o sea que mientras mirar no sea una práctica accesoria de la supervivencia, siempre tendremos novedades.



Para algunos científicos, las rebuscadas decoraciones que distinguen a algunos seres vivos son lenguajes visuales que persiguen camuflar, levantar advertencias o motivar atracciones para asegurar la supervivencia de estas especies. Desde esta perspectiva, el color y la forma son principalmente una herramienta. Los diseñadores, los poetas y en general los artistas siempre han despertado suspicacias sobre estas conclusiones. Lo que nos emociona sirve al espíritu del observador, por eso sería largo e insuficiente tratar de explicar la utilidad de los diseños que se exponen acá, tan solo como conclusiones de la admiración. Las cosas bellas, por si acaso también son útiles, a veces sin quererlo.



 

A final de cuentas, reprimir el impulso de matar una polilla, gracias al desarrollo de una capacidad de apreciación de sus cualidades, es igual que evitar arponear una ballena; ambas sobreviven gracias al combate efectivo de la ignorancia. Un libro que nos permite apreciar en detalle cualquier forma de vida es, al final, una herramienta de los fines conservacionistas. En suma, además de ser una publicación catalogada bajo el tema del diseño, este también es un libro de ecología.



La Pasión

Mi fascinación por las formas y colores de los insectos viene desde temprana edad. Mi madre siempre me dejó tocarlos y observarlos, tanto es así que a los 10 ya tenía una colección de 5000 arañas y una pequeña colección de mariposas.

Como diseñadora descubrir estos seres nocturnos fue como poner dinamita cargada de imaginación en mi cerebro.
Me apasioné, diría casi que me obsesioné con la idea de conocer todas las que existen.


El  bosque se volvió mi Segundo hogar, pasaba horas en la noche con mi cámara tratando de capturarlas en el lente; irme a dormir se volvía un suplicio pensando en si talvez dejaba de ver alguna.


Poco a poco fui aprendiendo de ellas, las noches en que se las puede observar mejor, los lugares donde se juntan, las horas más oportunas.., etc.


Mi colección de fotografías, no profesionales debo decir, fue creciendo. Casi cada fín de semana salía de la ciudad concentrada en encontrar nuevos diseños que dejen volar mi imaginación. No podia creer cuando llegaba a esta pequeña estación de gasolina y veía miles de ellas pegadas en las paredes, en los tanques, en el suelo o revoloteando al rededor de las luces. Claro, no todo era fácil, en mi aventura de largas jornadas nocturnas, ya casi ninguno de mis amigos o familia quería acompañarme. Era tal mi passion, para algunos locura, que podia pasar horas observando de cerca a estos alados. Hubo días de mucho frío, lluvia, calor, mosquitos, pero nada me podia detener, los días que no podia ir, me sentía ansiosa, no podia dormir y no quería esperar la siguiente vez para ir a buscarlas.


Entre otras aventuras una noche descubrí que tenía 5 enemigos. 5 grandes gansos que salían de su corral para alimentarse con quienes poco a poco llamé “mis hijas”. Ellos me perseguían furiosos para llegar antes que yo, a comerselas de un bocado, yo los odiaba. Ya para este tiempo sabía de memoria cuales tenía y ya había documentado, las diferenciaba con nombres como “la leoparda”, “la Carolina Herrera”, “la mascara Africana”, creo que mientras las observan en el libro las pueden reconocer.



Un mañana luego de pasar la noche entera observándolas y sin poder dormir de la emoción, me levanté ya casi amaneciendo, fue cuando descubrí que luego de tanta pachanga las polillas dormían bajo las hojas de los arbustos cercanos a las luces. Comencé a buscar hoja por hoja, habían miles, dormidas sin moverse, yo las movía y las fotografiaba sobre hojas de colores, telas, y con la luz de la mañana fotografiarlas era mucho menos complicado que en la noche con flash. No siempre tuve la misma suerte pero este sin duda fue uno de mis mejores días, es por esto que en la muestra encontrarán varias fotos que son tomadas en el día, digo solo varias, porque no deja de encantarme el contraste con el entorno urbano, que hace que se aprecie aun major su diseño. Aunque hubiese querido mostrar todas las que encontré en 4 años de investigación, creo que esta es una muestra incredible y variada de los diseños que fueron mis favoritos. 



 

Forma y color

 

 

Independientemente del proceso evolutivo de adaptación que condujo a que una polilla tuviera las formas y colores que tiene, los patrones se diseñaron tomando en cuenta algunos criterios de observación, entre los cuales la paleta de color cumple el rol principal. Se ha observado que, en muchos casos, existe un fenómeno de analogía entre las tonalidades, que se combinan en los cuerpos, y las alas y, por lo general, a esta paleta análoga la acompaña un color complementario. En cada polilla hay una gama diferente de colores, con lo cual tan solo, en cuanto a combinaciones cromáticas, el resultado es muy satisfactorio, por su cantidad y variedad.



 

Clasicismo y exotismo



Los cuerpos de las polillas tienen decorados que van desde los que evidencian patrones geométricos regulares y simples, hasta los extremadamente recargados y complejos. Al observarlos, es fácil caer en la tentación de verlos como exponentes de un determinado estilo o diseñador: polillas góticas, barrocas, pop, punk. Mientras algunas parecen vestidas con un esmoquin, otras llevan una túnica medieval; pero no se trata de un baile de máscaras, sino de una convivencia de todos los tiempos y estilos. Como si, en cada momento del diseño, hubiera nacido una nueva polilla nueva o a la inversa. ¿Será que los estilos del futuro están anunciados en los patrones de las polillas? Puede ser…

 

Ritmo y secuencia

Uno de los temas que se estudiaron de forma más detallada y constante es el ritmo. El ritmo en el diseño.
¡Sin ritmo no hay pachanga! decimos.

 

Se diría que los elementos que definen el ritmo en la música se pueden encontrar en las decoraciones de las polillas: repetición organizada, alternancia, silencio, cadencia, entre otros. En ocasiones, no fue el diseño de las alas el que tenía el ritmo más atractivo; el verdadero espíritu pachanguero, en esos casos, estaba en el cuerpo o en la sección abdominal y es esta parte la que se tomó como referente para la creación del patrón.
 

Libres y acompañadas por todas las de su género, pueblan los lugares de mayor visibilidad. Las polillas se van de fiesta, vestidas de gala por un mundo nocturno que sus depredadores no se atreven a visitar y donde no hay obstáculos para la exhibición de sus atractivos.

 

Armonía y caos

Si entendemos que muchos de los diseños de las alas de las polillas persiguen el efecto de mimetizar al insecto con su ambiente natural, es en especial sorpresivo que estos diseños sean tan simétricos y organizados. Con semejante orden, se podría suponer que una polilla, apoyada en una hoja de un árbol o en su tronco, debería sobresalir. El orden superpuesto al caos debería motivar un gran contraste, pero irónicamente no es así. El diseño geométrico de las polillas, por más intrincado o simple que sea, tiene la propiedad de mezclarse con su ambiente natural a la perfección; el efecto de contraste ocurre cuando una polilla sobrepasa las fronteras de su hábitat y decide entrar en el mundo rectilíneo y geometrizado del humano. Entonces, la forma natural adquiere una cualidad racional sorprendente.

 

A partir de la descomposición de secciones de estos diseños y su aplicación en la generación de patrones, se accede a otra dimensión de aplicación del acervo de formas de las polillas. Los patrones que se pueden extraer de sus alas se pueden manipular para enfatizar efectos enteramente opuestos al propósito de la discreción. Estos patrones, fuera del contexto de las alas, sugieren movimientos, giros, agresividad o calma. Más adelante al ser combinados o reproducidos en una trama más grande, el efecto cambia otra vez. En este caso, el descubrimiento en particular es que, según el método que se utilice para reproducir el patrón en el espacio, el resultado es notablemente distinto. Es como si existiera una matemática oculta en el diseño, que tiende siempre a establecer un balance capaz de acomodar estos diseños en cualquier entorno, trayendo una dosis de armonía al caos. Se diría que son naturalmente elegantes.

Los patrones reproducidos en tramas encierran un mensaje cifrado, un comentario sobre la realidad que hemos pretendido organizar con nuestro racionalismo y que, a pesar de estos esfuerzos, persiste en agredirnos, en desequilibrarnos y apartarnos del contacto con el mundo natural. Debe ser por eso que el diseño, inspirado en formas naturales, retiene un encanto incuestionable que conserva su vigencia más allá de las tendencias.

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